El pasado 5 de marzo, el diario El Mundo en su versión impresa publicó un artículo bajo el título “Passivhaus: no es oro todo lo que reluce”, en el que señalaba que a pesar de que el estándar de fabricación Passivhaus consigue reducir la demanda energética de un edificio hasta en un 75%, no siempre se cumplen sus principios con rigor. Así lo apunta Adelina Uriarte, presidente de PEP y su vicepresidente, Bruno Gutiérrez, señalando que son muchos los estudios de arquitectura que aseguran poder construir según estos criterios, aunque luego no cumplan todos. Por ello, desde PEP advierten que resulta fundamental certificar las viviendas que realmente sí están construidas bajo este criterio, evitando que se produzcan pseudopassivhaus.  Además, se plasmaron algunas de las declaraciones de los miembros de junta de PEP como “Lo verde vende, y muchos estudios de arquitectura aseguran poder construir según los criterios, aunque luego no cumplan todos. Aíslan bien, cuidan algo la hermeticidad del aire y la recuperación de calor, pero no hacen el cálculo necesario ni miden los valores exactos. Se trata de un pseudopassivhaus.” En esta línea “la certificación cuesta, para una vivienda unifamiliar de 130m2, unos 2.500€. Es la única garantía total que tiene el consumidor final para cerciorarse de que tiene una casa pasiva auténtica”.