La pandemia ha evidenciado lo deficientes que son muchas de las viviendas que se han construido en España durante décadas. Millones de almas han pasado los meses de confinamiento en coladeros de energía, pisos con problemas de ventilación y filtración y una mala calidad del aire interior. 
Sin embargo, hay otra forma de hacer casas. Han pasado tres décadas desde que Wolfgang Feist, físico y astrónomo alemán, construyera la primera vivienda pasiva del mundo en 1991, la suya, en la ciudad de Darmstadt, Alemania.
“En los últimos dos años se ha certificado la misma superficie que en los ocho anteriores y se duplicará en los dos años siguientes”, dice Bruno Gutiérrez Cuevas, presidente de la Plataforma de Edificación Passivhaus, la segunda asociación por número de socios (más de 800) en el mundo, solo por detrás de la alemana. Con la pandemia, “muchas personas han descubierto que existen formas de construir que permiten ahorrar energía y aseguran un mayor confort interior y por este motivo recibimos más consultas que tiempo atrás”, añade Gutiérrez. Aunque avisa de un incremento en los fraudes por parte de empresas que ofrecen Passivhaus sin que se cumplan los requisitos.

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