
La prueba Blower Door es una herramienta clave para verificar la hermeticidad de los edificios bajo
estándar Passivhaus. Pero su efectividad no depende solo del equipo empleado, sino también de una
correcta preparación, ejecución e interpretación. A menudo, pequeños errores durante el proceso
pueden comprometer los resultados finales, encarecer las soluciones correctivas e incluso poner en
riesgo la certificación.
Por ello, os mostramos cuáles son los errores más comunes a la hora de realizar estas pruebas, con
el objetivo de ayudar a técnicos, proyectistas y equipos de obra a evitarlos a tiempo.
Uno de los fallos más habituales es realizar el test al final de la obra, cuando ya están colocados los
acabados. En esta fase, cualquier filtración detectada supone una intervención costosa y, en muchos
casos, difícil de aplicar sin afectar al resultado final. Programar una prueba intermedia, cuando aún
es posible actuar sobre la envolvente, permite detectar y corregir a tiempo sin alterar el ritmo de obra.
También es frecuente que se obtengan resultados erróneos por no tener en cuenta elementos como
registros abiertos, conductos sin sellar o cajas de persianas mal cerradas. Estas infiltraciones no
forman parte del diseño definitivo del edificio, pero pueden falsear los valores obtenidos y dar una
imagen distorsionada del comportamiento real.
Otro aspecto crítico es la interpretación del valor n50, que mide las renovaciones de aire por hora.
Este indicador debe analizarse en su contexto: condiciones de presión, volumen interior, estado de
obra… Una lectura incorrecta puede llevar a decisiones poco acertadas o incumplimientos
inesperados.
La prueba Blower Door es una herramienta precisa, pero su fiabilidad depende directamente del
criterio técnico con el que se utilice. Anticiparse a estos errores es clave para garantizar resultados
coherentes con los objetivos de eficiencia y calidad que exige el estándar Passivhaus.